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OPINIÓN

Don Juan Galiana, el testimonio de una vida

TRIBUNA DE OPINIÓN DE MANUEL RODRÍGUEZ MACIÀ

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Don Juan, quién durante cuarenta y dos años regentó la parroquia de San José nos ha dejado en unos momentos en los que debido a las restricciones impuestas por la pandemia, nos ha impedido a mucha gente acercarnos para despedirle; conociéndole, pienso que tal vez es como él lo hubiese querido, pues ciertamente en un mundo en el que vivimos en una clara y trepidante sobreexposición, D. Juan fue un maestro en el arte de la discreción, virtud que tan poco de moda está en nuestros tiempos. Aunque sé que él no quería que se hablase de ello, creo sinceramente que instalado en esa virtud, ha ejercido una influencia decisiva en mucha gente.  Nacido en el Hondón de los Frailes, hijo único de una familia humilde que se trasladó a Elche donde su padre se empleó en una fábrica, también él conoció el mundo del trabajo y siempre recordó con orgullo sus orígenes obreros. Terminados sus estudios sacerdotales en el Seminario de San Miguel en Orihuela y ordenado sacerdote, cantó su primera misa en la Basílica de Santa María en el año 1952; después de estar ejerciendo un tiempo su ministerio como vicario en Elda, fue nombrado párroco de San José; hacía pocos años que la Iglesia del antiguo convento se había erigido en parroquia. En poco tiempo debido a su rectitud, su dedicación, su sólida formación, su natural clarividencia,  su honradez y austeridad  se hizo con el respeto de la gente. Recuerdo una conversación que oí a un vecino, no precisamente muy amigo del clero, decir del nuevo cura “que era un hombre como se debía ser y que causaba respeto” y así era. Siempre estuvo al lado de los más desfavorecidos, su escaso pero bien administrado salario llegó a no pocos necesitados como ayudó también a sufragar los estudios de un seminarista en África; tuvo gran dedicación a  los enfermos y  siempre estaba abierto a quién reclamaba consejo;  jamás aceptó ningún tipo de privilegio y todo eso cumpliendo aquel consejo evangélico de que “tu mano izquierda no se entere de lo que hace tu derecha”. Sin duda él no me dejaría decir todo esto, recuerdo que con motivo de la presentación de mi  libro sobre el pensador Emmanuel Mounier hablé de él y enterado, me llamó para regañarme porque me dijo que no tenía que hablar así de él. Lo siento D. Juan ya ve que no  le hago caso y ahora que se ha marchado le quiero decir gracias por lo mucho que nos ha dado”.

Hablar de toda su labor sería demasiado pretencioso para mí hacerlo  en estas breves líneas,  pero quiero poner de manifiesto su trabajo en el movimiento de la HOAC, las hermandades obreras católicas, que tanto significaron en la vida de nuestro país. Una vocación que le venía de la dignidad en la que él tenía al trabajo. En varias ocasiones en estos últimos años he comentado con él la necesidad de llevar a cabo un estudio de lo que este movimiento apostólico que se puso en marcha en España en el año 1946, y que tanto ha significado en la vida de la Iglesia y ha contribuido en nuestro país a la reconstrucción del movimiento obrero y en general a la transformación política de España y en el que D. Juan tuvo un papel especial tanto en nuestra ciudad como en la diócesis. Creo que es de justicia llevarlo a cabo y muy necesario en estos momentos en que hay que poner a punto la memoria democrática de España. Tengo la satisfacción de haber participado en aquel homenaje multitudinario que en el año 1992 se llevó a cabo en el restaurante del Parque Municipal con motivo del cuarenta aniversario de la ordenación sacerdotal de aquel grupo de siete sacerdotes de Elche de aquella promoción de D. Juan y en el que tuve ocasión de agradecer la contribución de todos ellos en el fomento de la amistad civil ejercida desde sus respectivos ministerios, amistad civil que es la esencia de la vida política.

En esos últimos tiempos  en las conversaciones que tenía con él, además de interesarse por los temas de la ciudad con la que se sentía tan vinculado, salía a relucir la situación de la Iglesia. Se sentía plenamente identificado con la actitud pastoral del Papa Francisco y se lamentaba de las trabas que desde dentro mismo de la Iglesia dificultan su gestión. La verdad es que siempre me pareció que su personalidad se identificaba con él. La frase varias veces dicha por el Papa refiriéndose al compromiso con la gente, de que el pastor tiene que oler a oveja, ya se la oía a D. Juan cuando yo a mis siete u ocho años ayudaba en la parroquia como monaguillo. D. Juan ha tenido una vida larga y fecunda. Una vida en la que ha llevado a cabo su misión con toda sobriedad y dignidad. Un ejemplo de que el liderazgo más fecundo y duradero no es el del poder, sino el del testimonio. Una lección tan necesaria en nuestro tiempo.

Muchas gracias D. Juan.

Descanse en paz

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OPINIÓN

Libros para la cuarentena

Tribuna de opinión de Carlos González, alcalde de Elche, con motivo del Día del Libro

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La pandemia que estamos sufriendo desde el pasado mes de marzo nos está sometiendo a duras pruebas y a un continuo examen sobre nuestra capacidad para salir adelante como individuos y como sociedad. Tenemos enorme preocupación por lo que está ocurriendo porque nunca antes habíamos vivido un momento como éste. Tenemos miedo porque no sabemos a ciencia cierta cuándo veremos la luz del túnel para salir de este drama sanitario y socioeconómico, y tenemos tristeza porque muchos han quedado ya en el camino, y ni siquiera hemos podido acudir a cogerles la mano para darles el último adiós.

Ante este panorama, debemos ser solidarios, cumplir a rajatabla con las condiciones del confinamiento y mantener la calma. Y para armarnos de paciencia, debemos buscar aliados. Y precisamente hoy, 23 de abril, Día Internacional del Libro, sugiero la lectura como fiel aliada en estos duros momentos. En cualquier circunstancia, un libro es siempre un fiel compañero, pero en este momento es mucho más que eso. Puede ser una terapia contra la desesperación que, por momentos, nos ocasiona la reclusión por cuarentena, pero también puede ser una oportunidad para reencontrarnos con nosotros mismos y para socializar en familia. ¿Cuánto tiempo hace que no leemos un libro o un cuento a nuestros hijos?

Hoy no podremos salir abiertamente a las calles a entregar una rosa y un libro, pero sí podemos compartir una lectura con nuestra familia. Tenemos la oportunidad de retomar costumbres que nunca debieron quedar en el olvido porque un libro siempre nos humaniza y su ausencia nos banaliza. Cojamos un libro, buceemos en su historia, compartamos las experiencias de sus personajes, aprendamos de su aportación…

Dice la sabiduría popular que un libro es la manera más barata de viajar, y es cierto. Nos lleva a otros mundos, nos abre la mente, nos familiariza con situaciones, circunstancias y pensamientos que, de otra manera, pasarían de largo por nuestra vida. ¡Leamos novela, teatro, poesía, ensayo, cuentos!…, en definitiva, todo lo que quepa en un libro.

En su discurso pronunciado en septiembre de 1931 en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), Federico García Lorca dijo: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro…. bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan…”

Hagamos caso del consejo dado por representantes ilustres de la Literatura, cuando nos dicen que “el libro es fuerza, es valor, es fuerza, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor” (Rubén Darío), cuando nos transmiten que “la lectura nos regala mucha compañía, libertad para ser de otra manera y ser más” (Pedro Laín Entralgo)…, o incluso que “en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia”(Miguel de Cervantes).

El libro es una medicina contra el aislamiento, un regenerador de nuestra propia existencia. Hasta los más experimentados en reclusiones dramáticas lo saben: “las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados” (Ana Frank).

¡Feliz Día Internacional del Libro!

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OPINIÓN

Se lo debemos a nuestros mayores

Artículo de opinión del Alcalde de Elche con motivo del #DíaMundialDelParkinson

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La tremenda pandemia que estamos sufriendo como consecuencia de la expansión del coronavirus está marcando radicalmente nuestra agenda diaria y, sin duda, supondrá un antes y un después en la concepción que hasta ahora tenemos de nuestra vida en sociedad, de nuestra economía e incluso de nuestras relaciones personales. 

La multiplicidad de casos de personas afectadas, la terrible pérdida de muchas de ellas y la prolongada cuarentena a la que, por el bien de todos, estamos siendo sometidos, ha colocado nuestra sensibilidad a flor de piel, y ha sometido a examen nuestra capacidad de resistencia. 

Es el personal sanitario quien, en mayor medida, está enfrentándose al problema en primera línea de acción, y está demostrando no sólo su cualificación profesional y su entereza personal, sino también algo que nos destaca y dignifica como seres sociales: nuestra capacidad de ser solidarios. 

Precisamente por ello, quiero aprovechar estas líneas para destacar esta vocación solidaria que los sanitarios están demostrando para con la población de mayor riesgo, como son nuestros mayores, especialmente en una jornada como la de hoy, en la que se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que afecta a más de 2.000 personas en nuestra comarca.

Las personas mayores nos necesitan más que nunca, porque ellos son la carne de cañón de esta tragedia, los más débiles y vulnerables. Su organismo ya no es fuerte ni tiene las defensas de la juventud, pero nos lo han dado todo, y se han dejado la vida por sacarnos adelante, a nosotros y también a nuestros hijos. Han sido un hombro donde llorar, un bolsillo al que acudir y un sabio consejo en el que apoyarnos en momentos de dificultad. Han sido un gran referente emocional para los nietos y un refugio al que acudir en cualquier tipo de crisis. Se lo debemos todo porque siempre han estado para nosotros. 

Por esa razón, en una jornada como la de hoy y en unas circunstancias de enorme vértigo como las actuales, nuestro corazón y nuestro apoyo real debe estar especialmente al lado de nuestros mayores. Lamentablemente, la etapa final de sus vidas ha coincidido con una crisis sanitaria y social de envergadura histórica, pero, precisamente por ello, nos necesitan más que nunca. Tantas y tantas veces ellos han estado ahí para nosotros…, es ahora nuestro turno para demostrarles que somos una sociedad de gran fortaleza, que sabe reconocer y dignificar la herencia recibida, la experiencia de los que nos abrieron camino, y que la solidaridad nos hace crecer como individuos y en comunidad. 

Espero que mis palabras sirvan hoy para que todos abramos una ventana solidaria en tiempos de extrema dificultad y que pongamos a nuestros mayores en la primera línea de solución, en el frente de especial atención urgente. Ellos nos necesitan ahora, no mañana, y nunca lo exigirán, pero nuestra atención será su mayor regalo, el que se lleven cuando ya no estén aquí. Tanto si están en planta en un hospital, o ingresados en UCI o recluidos en casa, ellos nos necesitan ahora, y esta circunstancia servirá para examinar de qué pasta estamos hechos. 

Centremos nuestra atención en ellos, hagámosles ver que su esfuerzo y sus valores transmitidos a lo largo de toda una vida han llegado a buen puerto. Hagámosles sentir que no están solos, que nos satisface saldar con ellos una deuda de vida y que su recuperación será nuestro gran regalo. Hagámoslo con todos ellos, especialmente con los que sufren Parkinson.

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