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OPINIÓN

La Festa, emoción y tradición ilicitanas

Carlos González
Alcalde de Elche y presidente del Patronato del Misteri

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Conmemoramos hoy el décimo octavo aniversario de la declaración del Misteri d’Elx como  Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO; han transcurrido dieciocho años de aquel memorable viernes dieciocho de mayo en el que las campanas de Santa María comenzaron a voltear sin cesar, al tiempo que los ilicitanos celebrábamos con una auténtica explosión de alegría colectiva la feliz noticia.

El Misteri, la seña de identidad de los ilicitanos, y a la vez tesoro cultural único en el mundo, que es producto de la devoción de un pueblo por su patrona y del esfuerzo colectivo para conservar sus tradiciones, había conseguido el anhelado reconocimiento de la UNESCO, que le otorga la valiosa condición de monumento de la cultura universal.

Desde aquel momento hasta la actualidad, el Misteri d’Elx ha reforzado más si cabe su condición de elemento clave en nuestra identidad colectiva. La Festa supone para Elche y los ilicitanos, cultura, tradición, teatro, devoción, gesto, lengua, pero sobre todo participación e implicación del pueblo ilicitano durante el transcurso de los siglos y, desde luego, en pleno siglo XXI.

Hoy, dieciocho años después, debo expresar el reconocimiento y la gratitud a dos personas, el alcalde Diego Maciá y el presidente de la Junta Rectora del Patronato, Joaquín Serrano, que encabezaron el equipo de trabajo que logró que el Jurado Internacional de la UNESCO, reunido en París, reconociese el valor universal del Misteri.

Y también hoy, cuando celebramos esta efeméride, quiero aprovechar para poner de manifiesto la fortaleza del Misteri y para renovar el compromiso municipal y el mio como alcalde de velar por siempre por el Misteri, que hunde sus raíces en el acuerdo del Consell Municipal de 11 de marzo de 1609 según el cual tomó a su cargo la celebración de la Festa y “…per lo qual votà se fes dita Festa cascun any, y que per ninguna causa se dexàs de fer”.

Una obligación que desde entonces hasta hoy el pueblo de Elche ha sabido cumplir preservando, cuidando y mimando esta obra de teatro religioso como uno de nuestros valores culturales más importantes; al tiempo que ha conseguido convertirlo en símbolo y seña de identidad por excelencia de una ciudad que se siente orgullosa de ser la protagonista de ese extraordinario logro histórico.

Por ello también, en una conmemoración tan simbólica, debo expresar el inmenso y permanente agradecimiento a todas y cada una de las personas que cada agosto hacen posible la representación del Misteri. Gracias a los y las protagonistas de La Festa, a la Escolanía, a la Capella, a los Tramoyistas, a las Peluqueras, a las Sastresas, a los Porteros y Azafatas, a los Electricistas, el Mestre de Capella y su equipo, al Mestre de Ceremonias, y en definitiva, a cada una de las más de 300 personas que con su esfuerzo, con su dedicación y su amor por la Festa, hacen posible que cada año se represente esta auténtica joya cultural, este tesoro de los ilicitanos, que es nuestra seña de identidad por excelencia.

Del mismo modo quiero agradecer también el trabajo y la dedicación a tantas generaciones de ilicitanos, a tantas familias, que durante siglos y pese a las adversidades de todo tipo, han mostrado una perseverancia, una determinación y un apego a nuestras raíces fuera de lo común, que ha permitido que el Misteri haya llegado desde la Edad Media hasta nuestros días, y que hoy podamos mostrarlo y compartirlo con el mundo.

Ahora, el reto de La Festa es mirar al futuro con la misma pasión e inteligencia que lo hicieron nuestros antepasados. Es seguir siendo capaces de trabajar con determinación y armonía, todos juntos, para legar a nuestros hijos y nietos este tesoro, esta joya que nos hace sentir profundamente orgullosos de ser ilicitanos. El reto es conservarlo, que se siga representando, que se mantenga fiel a la tradición y, ante todo, que siga emocionando a cuantos lo contemplan.

El reto del Misteri es que cada agosto Elche y el Mundo vuelvan a mirar “al Cel” y sientan la emoción única e indescriptible que produce ver la lluvia de “oripell” envolviendo a nuestra Patrona, entre los aplausos de ilicitanos y visitantes, el volteo de las campanas y el irrepetible “Gloria Patri”.

OPINIÓN

Libros para la cuarentena

Tribuna de opinión de Carlos González, alcalde de Elche, con motivo del Día del Libro

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La pandemia que estamos sufriendo desde el pasado mes de marzo nos está sometiendo a duras pruebas y a un continuo examen sobre nuestra capacidad para salir adelante como individuos y como sociedad. Tenemos enorme preocupación por lo que está ocurriendo porque nunca antes habíamos vivido un momento como éste. Tenemos miedo porque no sabemos a ciencia cierta cuándo veremos la luz del túnel para salir de este drama sanitario y socioeconómico, y tenemos tristeza porque muchos han quedado ya en el camino, y ni siquiera hemos podido acudir a cogerles la mano para darles el último adiós.

Ante este panorama, debemos ser solidarios, cumplir a rajatabla con las condiciones del confinamiento y mantener la calma. Y para armarnos de paciencia, debemos buscar aliados. Y precisamente hoy, 23 de abril, Día Internacional del Libro, sugiero la lectura como fiel aliada en estos duros momentos. En cualquier circunstancia, un libro es siempre un fiel compañero, pero en este momento es mucho más que eso. Puede ser una terapia contra la desesperación que, por momentos, nos ocasiona la reclusión por cuarentena, pero también puede ser una oportunidad para reencontrarnos con nosotros mismos y para socializar en familia. ¿Cuánto tiempo hace que no leemos un libro o un cuento a nuestros hijos?

Hoy no podremos salir abiertamente a las calles a entregar una rosa y un libro, pero sí podemos compartir una lectura con nuestra familia. Tenemos la oportunidad de retomar costumbres que nunca debieron quedar en el olvido porque un libro siempre nos humaniza y su ausencia nos banaliza. Cojamos un libro, buceemos en su historia, compartamos las experiencias de sus personajes, aprendamos de su aportación…

Dice la sabiduría popular que un libro es la manera más barata de viajar, y es cierto. Nos lleva a otros mundos, nos abre la mente, nos familiariza con situaciones, circunstancias y pensamientos que, de otra manera, pasarían de largo por nuestra vida. ¡Leamos novela, teatro, poesía, ensayo, cuentos!…, en definitiva, todo lo que quepa en un libro.

En su discurso pronunciado en septiembre de 1931 en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), Federico García Lorca dijo: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro…. bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan…”

Hagamos caso del consejo dado por representantes ilustres de la Literatura, cuando nos dicen que “el libro es fuerza, es valor, es fuerza, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor” (Rubén Darío), cuando nos transmiten que “la lectura nos regala mucha compañía, libertad para ser de otra manera y ser más” (Pedro Laín Entralgo)…, o incluso que “en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia”(Miguel de Cervantes).

El libro es una medicina contra el aislamiento, un regenerador de nuestra propia existencia. Hasta los más experimentados en reclusiones dramáticas lo saben: “las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados” (Ana Frank).

¡Feliz Día Internacional del Libro!

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OPINIÓN

Se lo debemos a nuestros mayores

Artículo de opinión del Alcalde de Elche con motivo del #DíaMundialDelParkinson

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La tremenda pandemia que estamos sufriendo como consecuencia de la expansión del coronavirus está marcando radicalmente nuestra agenda diaria y, sin duda, supondrá un antes y un después en la concepción que hasta ahora tenemos de nuestra vida en sociedad, de nuestra economía e incluso de nuestras relaciones personales. 

La multiplicidad de casos de personas afectadas, la terrible pérdida de muchas de ellas y la prolongada cuarentena a la que, por el bien de todos, estamos siendo sometidos, ha colocado nuestra sensibilidad a flor de piel, y ha sometido a examen nuestra capacidad de resistencia. 

Es el personal sanitario quien, en mayor medida, está enfrentándose al problema en primera línea de acción, y está demostrando no sólo su cualificación profesional y su entereza personal, sino también algo que nos destaca y dignifica como seres sociales: nuestra capacidad de ser solidarios. 

Precisamente por ello, quiero aprovechar estas líneas para destacar esta vocación solidaria que los sanitarios están demostrando para con la población de mayor riesgo, como son nuestros mayores, especialmente en una jornada como la de hoy, en la que se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que afecta a más de 2.000 personas en nuestra comarca.

Las personas mayores nos necesitan más que nunca, porque ellos son la carne de cañón de esta tragedia, los más débiles y vulnerables. Su organismo ya no es fuerte ni tiene las defensas de la juventud, pero nos lo han dado todo, y se han dejado la vida por sacarnos adelante, a nosotros y también a nuestros hijos. Han sido un hombro donde llorar, un bolsillo al que acudir y un sabio consejo en el que apoyarnos en momentos de dificultad. Han sido un gran referente emocional para los nietos y un refugio al que acudir en cualquier tipo de crisis. Se lo debemos todo porque siempre han estado para nosotros. 

Por esa razón, en una jornada como la de hoy y en unas circunstancias de enorme vértigo como las actuales, nuestro corazón y nuestro apoyo real debe estar especialmente al lado de nuestros mayores. Lamentablemente, la etapa final de sus vidas ha coincidido con una crisis sanitaria y social de envergadura histórica, pero, precisamente por ello, nos necesitan más que nunca. Tantas y tantas veces ellos han estado ahí para nosotros…, es ahora nuestro turno para demostrarles que somos una sociedad de gran fortaleza, que sabe reconocer y dignificar la herencia recibida, la experiencia de los que nos abrieron camino, y que la solidaridad nos hace crecer como individuos y en comunidad. 

Espero que mis palabras sirvan hoy para que todos abramos una ventana solidaria en tiempos de extrema dificultad y que pongamos a nuestros mayores en la primera línea de solución, en el frente de especial atención urgente. Ellos nos necesitan ahora, no mañana, y nunca lo exigirán, pero nuestra atención será su mayor regalo, el que se lleven cuando ya no estén aquí. Tanto si están en planta en un hospital, o ingresados en UCI o recluidos en casa, ellos nos necesitan ahora, y esta circunstancia servirá para examinar de qué pasta estamos hechos. 

Centremos nuestra atención en ellos, hagámosles ver que su esfuerzo y sus valores transmitidos a lo largo de toda una vida han llegado a buen puerto. Hagámosles sentir que no están solos, que nos satisface saldar con ellos una deuda de vida y que su recuperación será nuestro gran regalo. Hagámoslo con todos ellos, especialmente con los que sufren Parkinson.

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OPINIÓN

Maestros, arquitectos de la sociedad

Carlos González
Alcalde de Elche

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Las comunidades humanas contamos a lo largo del año con una serie de grandes acontecimientos que, por su relevancia histórica, económica, social o cultural, merecen la pena ser recordados y celebrados para mantener vivo un recuerdo o una reivindicación. Hay numerosos días especiales, pero, sin duda, la educación es el acontecimiento de mayor transcendencia y transversalidad de todos ellos porque es la columna vertebral de la sociedad. Y los artífices de esta labor son los profesores y las profesoras, que actúan como arquitectos sociales fortaleciendo nuestros cimientos de sabiduría y convivencia.

Es por ello que hoy, 27 de noviembre, día mundial del maestro, del profesor, no se presenta como una fecha conmemorativa que atañe en exclusiva a un colectivo específico, sino que su dimensión adquiere globalidad al afectar a nuestra esencia como seres sociales y culturales. Es una fecha de todos y para todos, porque la transmisión de conocimientos es al ser social lo que la circulación sanguínea al ser vivo.

Por esta razón, quiero aprovechar este relevante acontecimiento para reconocer y destacar la labor esencial de los maestros, de los profesores, y mostrarles mi agradecimiento personal y el de toda una ciudad por contribuir a forjar mejores personas. Ciertamente, los profesores nos enseñan, desde bien temprana edad, conocimientos de diferentes materias que son importantes para conformar nuestro bagaje cultural. Pero, sobre todo, nos enseñan valores imprescindibles para nuestro crecimiento personal y nuestra convivencia social. Nos enseñan a desarrollar nuestra sensibilidad, a despertar nuestra curiosidad, a cultivar nuestra imaginación, a ser creativos, a fomentar nuestro espíritu crítico…, y al mismo tiempo, nos inculcan valores fundamentales, como el sentido de la justicia, la solidaridad o el valor de la palabra para la resolución de conflictos.

Todo ello hace que la educación sea el alma de cualquier sociedad, y que los profesores sean nuestros arquitectos sociales.

La Institución Libre de Enseñanza, el más ambicioso movimiento educativo de este país, abanderado por Francisco Giner de los Ríos a finales del siglo XIX, lo plasmó en su ideario: “solamente con la educación y la cultura se logra el progreso de los pueblos… un pueblo sin educación es un pueblo sin alma”. Y la figura del profesor es clave a la hora de aplicar este noble principio porque se ha convertido en un impulsor de nuestras aptitudes desde la niñez.

El psicólogo y humanista alemán Erich Fromm, autor de títulos tan elocuentes como “El corazón del hombre” o “El arte de amar”, nos ha dejado principios muy válidos en este campo al asegurar que “la educación consiste en ayudar a un niño a llevar sus aptitudes a la realidad”. Esa precisamente es la gran labor que están realizando nuestros docentes, es decir, están ayudando a nuestros niños a autodescubrirse.

Por ello, en un día tan simbólico como lo es hoy, animo a todos los profesores que ejercen esa bella profesión en Elche a incentivar su vocación docente, a mantener la emoción del primer día y a transmitir estímulos que despierten la inquietud y curiosidad de los niños por aprender.

De esta manera, los maestros y profesores, consiguen que la educación no sea exclusivamente una mera transmisión de conocimientos, sino una estrategia para que los niños desarrollen una visión ética de la vida. Ese será nuestro éxito como sociedad, y por ello pido el máximo respeto y dignidad para la labor docente de nuestros profesores.

Todos ellos y ellas merecen nuestro reconocimiento. El futuro de nuestros hijos e hijas, y por tanto, de la sociedad del mañana, está en sus manos. Gracias a todos los maestros y maestras de Elche por su labor cotidiana tan valiosa para nuestra ciudad

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